“Cuando un solo violín basta, no emplear dos”

… Dijo Robert Bresson. También dijo “No pienses en tu película fuera de los medios que posees”.

Esa es mi forma de trabajar. Maximizar el valor de producción minimizando los elementos narrativos. ¿Por qué?

Es obvio que no todos tenemos acceso a grandes presupuestos. Sobretodo cuando estamos empezando. Es difícil sacar adelante un proyecto personal con un respaldo financiero potente.

Poner a trabajar todos los recursos narrativos que posee el medio para contar una historia que no deje entrever ninguna carencia económica. Esa es la magia. Controlar todos los aspectos de tu producción planteando la historia en un ámbito totalmente controlable. Reducir personajes y espacios. Ser realista.

Es la mejor forma de contar una historia con los medios que posees pero haciendo que el valor de producción reluzca al máximo. Que técnicamente sea lo más impecable posible, que pueda competir a nivel artístico con otras muchas producciones en los mejores festivales, pero a una escala mucho más reducida. Partes de un presupuesto muchísimo más holgado que los cortometrajes con más equipo, dinero y esfuerzo detrás, pero no luces como un producto menor. Esa es la esencia.

Reduces todos los elementos narrativos al mínimo y de ahí salen grandes soluciones creativas. Una capa tras otra. “Escarba en el mismo lugar. No te escurras fuera. Doble, triple fondo de las cosas.” (Robert Bresson, también). Posiblemente tengas que exprimir al máximo tus elementos, aportando perspectivas interesantes enfocadas en la fuerza interpretativa o en los malabarismos de la planificación, entre otras cosas.

Y hay ejemplos magníficos. Películas inspiradoras que regalan consejos en forma de soluciones y arranques para desarrollar una película a la que se le han establecido ciertas condiciones / límites.

Vi Moon (Duncan Jones) por casualidad cuando tenía en mente NO. Pensé: “Es perfecta”. Era inteligente. Relataba una película de ciencia ficción con un solo actor y en un estudio perfectamente controlable. No había dejado ningún elemento fuera de su control. Fortalecía mi perspectiva.

Y antes de eso estaba Cube (Vincenzo Natali), La Huella (Mankiewicz) o Bienvenido a Farewell Guttman del casi desconocido Xavi Puebla, quizás uno de los directores más inteligentes de este país. También Enterrado (Rodrigo Cortés) o Tras el Ensayo (Bergman). Todas ellas transcurren en un espacio reducido, un escenario de un estudio en su mayoría, y tienen magia. Relucen talento por todas partes.

Largometrajes

Luego estaban los cortometrajes como Black Hole, una cortísima historia que cuenta con un personaje y una oficina. Y los cortos de Chema García Ibarra, pequeñas genialidades con mucha valentía, conocimiento y talento y poquitos elementos narrativos. El primer cortometraje de Christopher Nolan (Doodlebug) también parte de la misma premisa y también hizo que salivara mi apetito creativo.

Cortometrajes

La facultad de aprovechar bien mis recursos disminuye cuando su número aumenta” (De nuevo Bresson).

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