Cuando llega el momento de enfrentarse a la prueba final … (I)

…No olvides el truco de cartas que aprendiste en el desván. Desde el inicio al enfrentamiento existe todo un procedimiento que conforma tu manera de estructurar las cosas. Habilidades innatas y aprendidas. El cine que has visto, las múltiples figuras del `mentor cinematográfico´. La ayuda de los amigos y lo que has aprendido de ellos. Todo lo que se disuelve cuando estás solo en el fragor de la batalla.

Sí, estás allá fuera, grabando con tu pequeña cámara. El tiempo sisea. Y solo hay una cosa que puede ayudarte: el truco de cartas que aprendiste en el desván. Aquél que pasa desapercibido a los demás, que solo tu conoces, poderoso como las emociones. Ese que dicta dónde colocar la cámara, por qué y cuándo. Ese ojo, pequeño anteojo de múltiples cristales que se ha ido construyendo desde una argamasa llamada bagaje creativo. Personal e intransferible. Ya no están los amigos. Ya no están los mentores. Solo queda un trocito de ti, humilde e invisible.

Humilde regreso a mi infancia cinematográfica. Allí está Willow, un enano paticorto, un granjero de dudosa reputación en su propio pueblo, hazmerreír de su alcalde. Aprendiz de mago, de cuyos trucos sus pares se ríen. Ahí está, frente a la reina Bavmorda. Grande, cruel, poderosa. No están sus amigos. No está la varita de las hadas. No está su mentora, la hechicera luminosa. No hay nada, nada que pueda salvarle excepto una cosa: el irrisorio truco para hacer desaparecer cerdos. Ni la magia más poderosa había podido desterrar a la reina. Pero esto lo hizo. Porque la victoria de un granjero es imposible de prever desde el trono de un castillo. La amenaza era invisible, demasiado humilde, cultivada en una granja con olor a zanahorias. Y por eso mismo su magia funcionó. Porque la grandeza pasa desapercibida entre los débiles, los granjeros de pueblo y los magos de feria.

En una feria la magnanimidad no puede oler el talento. Ni el orgullo la humildad. Así como el ego la sabiduría. Willow decidió luchar en su propio terreno, donde sus recursos eran valiosos y limitados. No decidió combatir desde unos zancos para mirar cara a cara a Bavmorda. No le preocupaban sus patas cortas. Y esa fue su grandeza.

Fuera de nosotros está hablar de grandeza. De grandeza y talento. Hablemos de recursos y de instintos. De diferentes y únicas formas de contemplar el mundo. Hablemos del propio criterio, de la autoconfianza y del incontrolable poder para moverse entre los caminos de la imaginación. Hablemos de los trucos que aprendiste. De aquellos que ya llevabas cuando naciste. Hablemos un poco de todo eso, pero en otro momento, cuando llegue el momento de enfrentarse a una prueba final, de entre otras muchas. Así, entre tanto, ante todo, por favor; no olvides el truco de cartas que aprendiste en el desván, con olor a polvo y madera vieja.

1 comentario
  1. Belén dijo:

    Me encanta. Rezuma poesía, sensibilidad e inteligencia…

    Con tu permiso lo comparto.

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