Entrando …

… Por uno de los once planetas blancos.

Por encima tuya, la vorágine de escepticismo y crítica, allá donde reina el orgullo y el ego. Y sus semillas, enseñan, deben crecer y hacerse enormes. ¡Yo no quiero ese jardín en mi casa! Trabajarás engordando los jardines de otros, fuera de los reinos de la mente, hilos rotos de una realidad que desprecia lo que no está en ella.

Y es maravilloso tras el camino de las piedras y las flores y de los egos hinchados en jardínes de terciopelo, tener la oportunidad de subir unas escaleras de madera bajo techos altos, con telarañas hechas de humildad, música y amor, y que te den el permiso de trabajar con personas que admiras, respetas y quieres. Eso, amiga vida, es un regalo. 

Este cuadro es de Pilar Gil, uno de los motores de este proyecto. Intuyo que de esta armonía creativa saldrá algo fructífero. Salud a la vida para siempre.

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