Los subterfugios de la imaginación

A veces los infinitos bucles del universo nos engullen, y nuestro ciclo vital gira en espiral, perdiendo el nexo con el presente cercano y retornando a puntos impregnados de vorágines sensitivas de la más diversa índole.

Un día levantas la cabeza y no escuchas el susurro del pasado, ahora silenciado, sino las brisas cálidas de épocas estivales neblinosas y aún reales, y entonces ríes, libre de incertidumbre y alegre por tal revelación.

La espirales se deshacen abriendo agujeros en el Tejido de la Trama, transportándote a lugares que en algún momento apreciabas inalcanzables. Sí, incluso más allá de la Costa de la Maravilla.

La imaginación, habitáculo y rincón abrigado por la nocturnidad y el halo de las estrellas, nunca vela la verdad de los sueños, y es allí donde se transforma lo intangible en lo tangible, ideas y sentimientos petrificados.

Sigo cayendo, muy despacio o muy profundo, pero no quiero un asidero, porque el río me arrastra hacia lugares en los que siempre quise estar pero que nunca predije con exactitud.

Fotograma de Tideland (2005) de Terry Gilliam

Fotograma de Tideland (2005) de Terry Gilliam

 

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